5 ago 2013

Primeras impresiones

Retazos de información cogidos al vuelo en mi primer día en Finlandia:

  • A diferencia de otros de sus vecinos nórdicos como Suecia, la población finlandesa (5,4 millones) es bastante homogénea y los inmigrantes sólo suman unos 300.000 habitantes. Finlandia mira de reojo cómo la inmigración al otro lado de la frontera oeste está afectando al sistema del bienestar sueco, especialmente a la educación, y teme que su tan valorado nivel educativo resulte perjudicado por la llegada de extranjeros.
    Sin embargo, el país es uno de los primeros que sufrirá los efectos negativos de la inversión de la pirámide demográfica, por lo que se encuentra en una encrucijada a la hora de decidir si la inmigración beneficiará o no a su futuro. Hace unos años, Finlandia quiso trasmitir la imagen de país abierto a colaborar con las víctimas de abusos contra los Derechos Humanos, y abrió la puerta a 10.000 refugiados etíopes. Sin embargo, el experimento no salió todo lo bien que se esperaba, ya que la integración fue un fracaso en la mayoría de los casos y los finlandeses se escandalizaron cuando algunos de los recién llegados recurrieron a la delincuencia. Más recientemente, Finlandia contrató a 3.000 enfermeros españoles, ya que muchos de los suyos emigran a Suecia o Reino Unido atraídos por salarios más elevados. Tras pasar los meses de verano, la historia se repitió con los españoles y muchos siguieron la ruta de sus antecesores en el puesto. 


    Mujer en la escalinata del Senado, Helsinki.
    C. GALLARDO

  • Los finlandeses están muy orgullosos del progreso de su país en las últimas décadas. Finlandia es un país joven, sólo se han cumplido 96 años desde su independencia. Tras pertenecer a los imperios sueco y ruso, el país decidió apostar por un Estado del bienestar fuerte que garantizara el acceso a una sanidad y una educación pública de calidad a todos los ciudadanos, incluso a los que no pagaran sus impuestos. A principios de los noventa, Finlandia atravesó una grave recesión económica fruto de la caída de la Unión Soviética, y tuvo que reinventarse a sí mismo mediante un duro programa de ajustes en el que no se recortó en innovación. Como explicaba Jouni Mölsä, director general de Comunicación del Ministerio de Asuntos Exteriores, “Finlandia no ocurrió sin más, fue construida".

  • La primera novela de cierta importancia, “Siete Hermanos”, fue escrita por Aleksis Kivi en 1864, cuando la mayoría de países europeos ya gozaban de una extensa tradición literaria.

  • Cada vez más y pese al auge del partido euroescéptico “Verdaderos Finlandeses” (True Finns) -uno de los protagonistas de la cobertura mediática de la UE en los últimos meses-, la sociedad finlandesa percibe la adhesión en 1995 a la Unión Europea como un hito en su historia. En el referéndum previo a la adhesión, el 43% de los finlandeses votaron en contra. En la actualidad, existe cierta unanimidad en que la UE puede suponer un futuro pacífico y la mejor fórmular para evitar una III Guerra Mundial. Los dos grandes conflictos bélicos de Europa siguen muy presentes en la mentalidad, la cultura y el arte finlandeses.

  • Desde el 1 de julio, Finlandia ostenta la presidencia del Consejo de Estados del Báltico, un organismo que agrupa a once países con aguas en este mar. Entre las prioridades de Finlandia para su presidencia figura la limpieza del fondo marino.

  • Finlandia no pertenece a la OTAN, aunque el debate está sobre la mesa. La postura mayoritaria defiende permanecer neutrales, ya que Rusia sigue siendo una gran fuente de ingresos y el principal socio comercial del país. Los rusos son, además, el grupo minoritario más numeroso. Los finlandeses creen que deben defenderse a sí mismos sin involucrarse en escaramuzas extranjeras. El servicio militar no es obligatorio, pero los jóvenes deben decidir si optan por él o por servicios a la comunidad. Lo curioso es que entre el 70 y el 75% de los jóvenes en torno a los veinte años eligen la vía militar. Preguntado por los motivos para optar por la mili, un joven universitario confiesa que existe una fuerte presión social. "La gente te pregunta si no tienes huevos para ir, si no tienes lo que hay que tener. Al final me lo pasé muy bien y es una experiencia más, pero no quería ir. Muchos de mis amigos tampoco", cuenta. En caso de emergencia, 300.000 reservistas están listos para ser llamados a filas en una semana. 

  • En Helsinki no hay Starbucks. Los finlandeses, los mayores consumidores de café del mundo, con 12 kilos por persona al año, tienen su propia cadena, Robert's Coffee. En la mayoría de establecimientos de este tipo de Helsinki, un café con leche cuesta 4 euros.

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