El espacio personal es muy importante en Finlandia. No guardar suficiente distancia con las personas a las que te diriges se considera una falta grave de educación. De hecho, una de las primeras lecciones de todo extranjero aquí -y en general, en otros países del norte de Europa- es que la distancia aceptable con el interlocutor es la longitud de un brazo extendido. Violar este espacio causa una muy mala buena impresión al presentarse por primera vez a un desconocido.
Pero existen otros ámbitos en los que
la distancia se convierte en un factor clave. A parte de las saunas, los
finlandeses veneran los mökki o cabañas de veraneo, que
protagonizan muchas de las panorámicas del país. Estas casitas de
colores, habitualmente de madera, suelen contar con una sauna con estufa de leña y estar situadas en un bosque o en las inmediaciones de uno de los aproximadamente 190.000 lagos de
Finlandia. Uno podría pensar que cuanto más remoto se encuentra el
mökki menor será su precio, pero sucede justamente lo contrario.
Alquilar o comprar una de estas cabañas resulta mucho más caro cuanto
más aislada y lejana del resto de la gente se encuentre.
La distancia afecta también a las
relaciones personales más cercanas. Olli Alho, doctor emérito de la Universidad de Turku y director de la
radio nacional YLE durante diez años, reconoce que en toda su vida
sólo abrazó a su madre en un par de ocasiones, que tuvieron lugar
en la última etapa de la vida de la anciana, y por
iniciativa de él. Para su madre y para otras muchas madres
finlandesas, el contacto físico fruto de un abrazo se considera inaceptable. Las generaciones más jóvenes no toman esto tan en serio y en las calles de Helsinki se puede ver a parejas de la mano o a familias besándose y abrazándose como en cualquier otra ciudad de España, aunque quizá con menos frecuencia.
Esto no significa en cambio que sean
menos amistosos en el trato. Los finlandeses confiesan con humildad que son
pésimos manteniendo secretos. De hecho, durante muchos años y en especial en el período de la II Guerra Mundial, los
rusos se han mofado diciendo que es posible sobornar a los
finlandeses tan sólo siendo simpático con ellos.
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| Pareja abrazándose en una calle del centro de Helsinki. C. GALLARDO |
Aunque existen muchas normas de
educación, la sociedad finlandesa es mucho menos estricta con su
cumplimiento cuando los errores son consecuencia del desconocimiento
o la ignorancia del visitante, con una excepción: la impuntualidad.
Cinco minutos de retraso se considera una grave
falta de educación. Comer por la calle también desagrada, a
menos que se trate de un helado -¡los finlandeses ingieren alrededor
de 14 litros al año!-.
