6 ago 2013

Pidä etäisyyttä! (Mind the gap!)

El espacio personal es muy importante en Finlandia. No guardar suficiente distancia con las personas a las que te diriges se considera una falta grave de educación. De hecho, una de las primeras lecciones de todo extranjero aquí -y en general, en otros países del norte de Europa- es que la distancia aceptable con el interlocutor es la longitud de un brazo extendido. Violar este espacio causa una muy mala buena impresión al presentarse por primera vez a un desconocido.

Pero existen otros ámbitos en los que la distancia se convierte en un factor clave. A parte de las saunas, los finlandeses veneran los mökki o cabañas de veraneo, que protagonizan muchas de las panorámicas del país. Estas casitas de colores, habitualmente de madera, suelen contar con una sauna con estufa de leña y estar situadas en un bosque o en las inmediaciones de uno de los aproximadamente 190.000 lagos de Finlandia. Uno podría pensar que cuanto más remoto se encuentra el mökki menor será su precio, pero sucede justamente lo contrario. Alquilar o comprar una de estas cabañas resulta mucho más caro cuanto más aislada y lejana del resto de la gente se encuentre.

La distancia afecta también a las relaciones personales más cercanas. Olli Alho, doctor emérito de la Universidad de Turku y director de la radio nacional YLE durante diez años, reconoce que en toda su vida sólo abrazó a su madre en un par de ocasiones, que tuvieron lugar en la última etapa de la vida de la anciana, y por iniciativa de él. Para su madre y para otras muchas madres finlandesas, el contacto físico fruto de un abrazo se considera inaceptable. Las generaciones más jóvenes no toman esto tan en serio y en las calles de Helsinki se puede ver a parejas de la mano o a familias besándose y abrazándose como en cualquier otra ciudad de España, aunque quizá con menos frecuencia. 


Pareja abrazándose en una calle del centro de Helsinki.
C. GALLARDO
Esto no significa en cambio que sean menos amistosos en el trato. Los finlandeses confiesan con humildad que son pésimos manteniendo secretos. De hecho, durante muchos años y en especial en el período de la II Guerra Mundial, los rusos se han mofado diciendo que es posible sobornar a los finlandeses tan sólo siendo simpático con ellos.

Aunque existen muchas normas de educación, la sociedad finlandesa es mucho menos estricta con su cumplimiento cuando los errores son consecuencia del desconocimiento o la ignorancia del visitante, con una excepción: la impuntualidad. Cinco minutos de retraso se considera una grave falta de educación. Comer por la calle también desagrada, a menos que se trate de un helado -¡los finlandeses ingieren alrededor de 14 litros al año!-.

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