La fama internacional alcanzada por algunos grupos como HIM, The Rasmus o Nightwish caracteriza a Finlandia como uno de los países clave en el género del metal. Estos días en las emisoras finlandesas se puede sintonizar entre otros a la cantante Tarja Turunen -ex vocalista de Nightwish, que inició su carrera en solitario en 2007-, a Finntroll -exponente del folk metal-, a Children of Bodom, Sonata Arctica o Stratovarius. Pero la lista de éxitos de este país nórdico abarca muchos más grupos, que se dan a conocer especialmente durante el verano, cuando florecen festivales por todo Finlandia.
"No somos melancólicos... al menos no todo el tiempo", afirma Ilkka Matilla, crítico musical del "Helsingin Sanomat", el periódico líder de Finlandia. En su opinión, el gran boom del metal se acabó en la década pasada y la afluencia a los bares de Helsinki en los que se escucha música de este género musical ha disminuido, mientras que el país se abre a otras melodías más alegres.
"En los años ochenta y noventa los músicos finlandeses no tenían apenas influencia sobre el mercado musical internacional, por lo que buscaban audiencia en sectores más marginales. Quisieron diferenciarse ofreciendo canciones distintas, de ahí que en la actualidad muchos críticos consideren que la música moderna finlandesa es extraña y oscura", explica Matilla.
Timo Kaukolampi, cantante de la banda de música electrónica y experimental K-X-P, no cree en la música de masas ni en los ritmos comerciales. Sobre el escenario, Kaukolampi y sus colegas visten capuchas y túnicas negras, con adornos que recuerdan al attrezzo de las primeras épocas del heavy metal pero que también incorporan algunos elementos de la música disco. "Mi objetivo es hacer algo que no exista en ningún otro sitio y eso es algo muy difícil. No se como hacer canciones alegres. Me gusta esta sensación de tristeza y oscuridad de la música finlandesa. Tiendo a sentirme atraído por la desesperanza", explica.
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| Integrantes de K-X-P con Timo Kaukolampi en el centro. |
La música pop de las décadas pasadas solía dirigirse a una población rural, por lo que se basaba principalmente en el folk. Este tipo de música sigue muy presente hoy en día, y uno de sus últimos exponentes es Islaja, cuya canción "Towards the darkness" mantiene los tintes intimistas que se asocian tradicionalmente a la música finlandesa. Sin embargo, el panorama musical del país nórdico no consiste solo en metal, folk y combinaciones de ambas, ni se basa únicamente en la nostalgia y el pesimismo.
Los primeros compases de rock llegaron a Helsinki en los años cincuenta, pero con escaso éxito hasta la llegada de Los Beatles y Bob Dylan. La música finlandesa pasó completamente desapercibida en el extranjero hasta los ochenta y el intercambio con el exterior fue reducido.
Los primeros compases de rock llegaron a Helsinki en los años cincuenta, pero con escaso éxito hasta la llegada de Los Beatles y Bob Dylan. La música finlandesa pasó completamente desapercibida en el extranjero hasta los ochenta y el intercambio con el exterior fue reducido.
"Los suecos aprendieron a hacer márketing musical con Abba, pero nosotros nos quedamos rezagados hasta más tarde", añade Matilla, que recalca la influencia que esta banda tuvo sobre el metal finlandés.
Rubik representa hoy en día el pop-rock más moderno de Finlandia. Han roto con el poso melancólico de algunos de sus predecesores y han dado el salto al extranjero con giras por Europa y Norteamérica.
En los últimos años también se ha sumado a las listas de los más escuchados Nicole Willis and the Soul Investigators, grupo finlandés con vocalista estadounidense, cuyas melodías están más próximas al soul americano que a los sonidos tradicionales de Finlandia. Su sencillo "If this ain't love (don't know what it is)" forma parte del disco "Keep Reaching Up".
El jazz finlandés ya gozaba de mucha calidad en los años setenta, pero su audiencia era menor a la del presente. Ricky-Tick Big Bang está considerado por la crítica finlandesa como una de las bandas nacionales de jazz de más éxito de la última generación.
Normalmente las bandas finlandesas comienzan su andadura en uno de los miles de festivales de música que se celebran en zonas rurales de todo el país, luego acuden a tocar a Helsinki y, si tienen éxito, dan el salto a Europa comenzando por los países vecinos, y a Norteamérica.
La mayoría de los festivales incluyen sólo música de grupos nacionales, ya que los finlandeses siguen prefiriendo las canciones en sus lenguas maternas (las oficiales son finés y sueco). Los temas en finés siguen copando las listas de ventas. En 2012 Adele fue la única representante de la música anglosajona que consiguió colarse entre los más vendidos.
La afluencia a este tipo de eventos es bastante significativa, pese a celebrarse en lugares con poca densidad de población. La excepción es el Flow Festival de Helsinki, que reunió anoche a más de 20.000 personas en la capital finlandesa, con un cartel mayoritariamente nacional, pero en el que los cebos internacionales fueron los estadounidenses Alicia Keys y Kendrick Lamar. "Los finlandeses se ven atraídos por el romanticismo de plantar la tienda de campaña en las afueras de alguna localidad pequeña, pasar frío y escuchar música. Les parece una forma romántica de pasar el verano", describe Matilla con una sonrisa.
