20 ago 2013

Cuestión de prioridades: un vistazo al sistema educativo finlandés

Acceso al comedor de la escuela pública Viikki, Helsinki.
Foto: C. GALLARDO
No tenía pensado escribir sobre educación. Hasta hace diez minutos creía que ya se habían publicado suficientes artículos sobre la calidad del sistema de enseñanza de Finlandia, el país número 1 en Educación en Europa según el informe PISA. Varios programas de televisión, incluido un capítulo de "Salvados" de La Sexta, han enseñado muchas de sus fortalezas: la excelente preparación y nivel de exigencia para ser profesor, el personal de apoyo que ayuda a los maestros con alumnos con problemas de aprendizaje, la educación bilingüe e igualitaria, la implicación de los padres, o que los niños no empiezan el colegio hasta los siete años. He cambiado de opinión al recorrer los pasillos luminosos de Kaisa, la biblioteca de la Universidad de Helsinki estrenada el año pasado con motivo de la Capitalidad del Diseño y que desde entonces ha recibido millón y medio de visitantes.
Al pasar por enfrente de la biblioteca de ciencias del edificio Korona (con paneles solares, cristales de refuerzo para ahorrar energía y jardines japoneses en el interior) me indigné por la gestión de los recursos públicos en España, y tras entrar en la escuela pública de Viikki, en Helsinki, hubiera podido liderar una revolución. Desde ese momento me pareció que ni esta entrada de blog ni ninguno de los reportajes mil veces vistos son o serán suficientes para describir la experiencia de ser un estudiante en este país, en el que es posible obtener el título del doctorado sin haber pagado nunca un céntimo de tasas de matrícula. 

Biblioteca de la escuela pública Viikki, Helsinki.
Foto: C. GALLARDO
Finlandia destina entre el 11 y el 12 % de su presupuesto nacional y municipal a educación. Con esta cantidad, se sufragan los gastos de guardería hasta los seis años, educación primaria, secundaria y bachiller, formación profesional, los estudios universitarios hasta el nivel de doctor y una parte de las escuelas para adultos. El coste para el Estado de un alumno en educación primaria ronda los 5.000 euros por curso, una cifra que asciende a 8.000 euros anuales cuando se alcanza la educación secundaria. En 2011, último año del que se disponen de cifras totales oficiales, el gasto de educación en Finlandia ascendió a 11,9 miles de millones de euros. 

Al entrar en el comedor de la escuela Viikkii de Helsinki recordé la polémica de los tuppers en distintas comunidades autónomas españolas. ¿Qué pensarían los padres finlandeses si tuvieran que pagar para que sus hijos se sentaran en estas mesas a comerse lo que ellos mismos les han cocinado en casa? Las comidas durante el horario escolar en primaria y secundaria son gratuitas en Finlandia y siempre incluyen ensalada, leche y pan. Algunas escuelas pioneras ofrecen también menús vegetarianos u orgánicos. En la Universidad de Helsinki se puede degustar un plato caliente al día por 1,5 euros. En los niveles obligatorios de enseñanza también son gratuitos los materiales de aprendizaje, incluidas las tabletas, que desde hace tres años comenzaron a sustituir a los libros de texto. Tampoco se paga por las actividades extraescolares por la mañana y por la tarde, ni por el transporte a la escuela en las zonas rurales en las que la distancia al hogar es mayor, ni por las clases de finlandés para inmigrantes, durante los dos primeros años de estancia en el país. Además, todos los colegios del país imparten obligatoriamente inglés desde los siete años y sueco desde los doce (lengua oficial de Finlandia, a pesar de ser minoritaria). 

Edificio Korona de la Universidad de Helsinki.
Alberga la biblioteca de ciencias.
El aprendizaje no se mide por los resultados de los exámenes. La primera evaluación escrita obligatoria no se realiza hasta el 8º curso y no se mandan deberes para casa, ya que se entiende que el aprendizaje debe llevarse a cabo en las aulas. Los niños pueden navegar por Internet en clase, ya sea con el portátil, las tabletas o los smartphones. "Nadie va a revisar si estás viendo la página que debes consultar en ese momento. Lo que preocupa al profesor es tu aprendizaje y tu nivel de responsabilidad", explica Jyrki Loima, director del colegio Viikki de Helsinki, fundado en 1869 y que desde 2003 cuenta con un nuevo edificio. Se practican distintos deportes, pero no hay equipos: el espíritu competitivo no se promueve.

El número total de escuelas de educación obligatoria en Finlandia ronda las 3.000. De ellas, sólo una treintena son privadas, la mayoría de las cuales están ligadas a alguna organización internacional, como el British Council o el Liceo Francés. Ante la pregunta de si hay colegios que segreguen a los alumnos por sexo, Loima se ríe. Quizá la idea le parece estrambótica. Al segundo se pone serio y contesta. "Las escuelas que segregan por sexo cerraron hace unos cuarenta años. Ya casi no me acuerdo de ellas". 

Clase de costura. Las actividades extraescolares
en las escuelas públicas son gratuitas.
Foto: C. GALLARDO
En un país con un 80% de luteranos, la asignatura de religión no es obligatoria. Los colegios enseñan distintas profesiones según la demanda de las familias. Si cuatro familias se unen y piden que se imparta Islam, habrá clase de Islam. Lo mismo pasa con el cristianismo ortodoxo, el catolicismo o el judaísmo. Las niñas pueden llevar velo a clase. La temperatura en la calle alcanza los 18ºC, óptima para rasgarse las vestiduras, aunque nadie parece haber optado aún por esta opción. 

Este es un ejemplo de la proporción de alumnos por profesor, extraído de la escuela Viikki:
Biblioteca Kaisa, Helsinki.
Ocho de cada diez familias finlandesas
van a la biblioteca los fines de semana.
Foto: C. GALLARDO
  • Alumnos:
    • En Educación Primaria: 421
    • En Educación Secundaria: 256
    • En Bachiller: 256
  • Profesores: 102
  • Profesores en prácticas: 200
  • Otros empleados: 28 (entre los que figura al menos un asistente social).

Cada persona cuenta. Si un alumno no puede seguir el ritmo de la clase, el tutor diseñará un plan de aprendizaje personalizado. Para ser profesor hay que haber estudiado un máster y aquellos maestros con peores resultados no son despedidos ni sancionados, sino que reciben educación complementaria en las áreas necesarias. 

La crisis hace mella en los presupuestos públicos de los países del sur de Europa. Pero antes de aplicar la tijera, quizá haga falta un debate reposado y con argumentos sólidos sobre si en Educación estamos haciéndolo todo lo bien que pudiéramos y si nuestro orden de prioridades como país es el correcto. No sólo es una cuestión de cuánto dinero se gasta, sino de cómo.  

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